A aquellos que se someten a severas
austeridades y penitencias que no se recomiendan en las Escrituras, y que las
realizan por orgullo y egoísmo, a quienes los mueven la lujuria y el apego,
quienes son necios y quienes torturan los elementos materiales del cuerpo así como
también a la Superalma que mora dentro, se los ha de conocer como demonios.
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